Nadie duda del grandioso talento del expresidente, Alberto Fujimori en la actuación dramática, dónde agarró a todos los peruanos de cojudo e hizo la finta que buscaba a Vladimiro Montesinos , cuando él ya había huido a Panamá, en la fuga perfecta.


Otra de sus películas donde se desenvolvió con excelencia el rey de los fujishows, fue cuando Alberto Fujimori se hizo al enfermo aduciendo que le había caído mal el bacalao y no fue al debate frente al Nobel peruano, Mario Vargas Llosa en 1990.

Estos sucesos anecdóticos, solo son dos por mencionar algunos, ya que durante el juicio oral que tuvieron él y su sucio, conocido como el tío Vladi, hicieron de las suyas con impresionantes desenvolvimientos en la actuación.



La secretaría técnica de la Comisión de Ética recomendó declarar improcedente la denuncia contra la presidenta del Congreso, la fujimorista Luz Salgado, por la presunta compra irregular de 980 computadoras, valorizadas en casi S/5 millones. El informe, al que tuvo acceso El Comercio, también pide que la acusación sea archivada de manera definitiva.



En medio de la polémica por esta adquisición, Salgado afirmó que daría un paso al costado de su cargo si algún funcionario del Parlamento se enriqueció con este proceso.


“Si aquí se demuestra que algún empleado se ha enriquecido, yo lo saco y yo renuncio”, exclamó, en diciembre del 2016, en el pleno.

En tanto, la Contraloría detectó riesgo en la referida compra y el Congreso despidió a su director de Logística, Sergio Romero. Sin embargo, Luz Salgado dijo que no renunciaría a su cargo por dicho caso.

Para la secretaría técnica de la Comisión Ética, las expresiones de la fujimorista, “no podrían ser calificadas como un compromiso de honor ni tornarse exigible por parte del denunciante [el ciudadano Juan Pablo Felipe Chango] o de cualquier otra persona, puesto que fueron hechas en el ejercicio de su derecho de opinión”.

Es decir, la actuación y conducta de Luz Salgado se encontraría protegido por la prerrogativa de la “inviolabilidad de opinión” que se indica en el artículo 93 de la Constitución.


El informe señala también que las pruebas de cargo y de descargo, “no tienen el mérito suficiente para llevar a cabo una investigación” contra la titular del Parlamento, pues no se ha comprobado que haya vulnerado los principios éticos de honradez, transparencia y veracidad en su labor.

“Esta secretaria técnica recomienda declarar improcedente la denuncia de parte interpuesta por el señor Juan Pablo Felipe Chanco contra la congresista Luz Salgado y en consecuencia ordenar su archivo definitivo”, concluye el documento.

— Informe a favor de Kenji Fujimori —

La secretaría técnica de la Comisión de Ética, además, recomendó no abrir una pesquisa al congresista de Fuerza Popular Kenji Fujimori, quien fue denunciado por entrega regalos durante una visita que hizo a un colegio en el Cusco.

Fujimori Higuchi entregó computadoras y materiales de estudio al centro educativo Micaela Bastidas y al Instituto Superior Tecnológico, en el distrito de Tinta.


El informe señala que la entrega de estos donativos no compromete bienes del Estado ni se realizó durante la semana de representación.

“De acuerdo al cronograma, la semana de representación fue del 31 de octubre al 4 de noviembre del 2016, y no el 28 de octubre del 2016 [día que Fujimori entregó los bienes] […] Además, se trata de bienes privados; es decir no habido aprovechamiento de algo que es público”, señala el documento.

Respecto a los principios de transparencia, honradez y veracidad, la secretaria técnica señala que de acuerdo a la información del Jurado Nacional de Elecciones, en dicha fecha “el país no se encontraba en campaña electoral, tampoco se encontraba finalizando un mandato congresal”, por lo tanto, Kenji Fujimori no cometió ninguna infracción.



“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.




La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.


Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable.


De ahí que surja entonces el “ser inteligente” como una especie de defensa: quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente todos somos inteligentes. Para algunos no tener cultura se compensa con el hecho de, por ejemplo, poder resolver problemas con facilidad, o vivir con sencillez, sin crearse esos laberintos absurdos en los que a veces se mete la gente culta.

Sólo que ninguna categoría es mejor que otra. Desafortunadamente, es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema de producción hegemónico. La desnutrición, por ejemplo, tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todos sus sueños humanistas, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan adquirirla.






















Quizá por eso hay un punto en el que ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, también se alimenta esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho? Conflictos en donde la cultura está involucrada y, por eso mismo, no parece probable que sea un camino para solucionarlos.


¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.

A propósito de este asunto, hace unos días Nicholas Lezard publicó en The Guardian un artículo en que habla de la diferencia entre la inteligencia y la intelectualidad a partir de Esperando a Godot, la célebre pieza de Samuel Beckett. Como sabemos, Esperando a Godot se considera uno de los mejores usos del absurdo dentro de la literatura, una obra revolucionaria tanto estética como culturalmente, pues retrató con frialdad el extremo del nihilismo al que había llegado la civilización europea del siglo XX.






















Lezard recuerda la atracción que de inmediato sintió por Esperando a Godot, un ambiente que a pesar de su parquedad —o quizá debido a esta— de inmediato lo hizo sentir bien recibido, acaso no totalmente cómodo pero sí en un territorio inesperadamente familiar. “Desde la primera página estaba hipnotizado, sorprendido”, escribe Lezard, a quien la extrañeza de los diálogos beckettianos, simples y no tan simples al mismo tiempo, lo condujo a un territorio que imprevisiblemente no era del todo desconocido.


En breve, estaba enganchado. Ahí tenía a un autor que era irreverente, escatólógico y sin embargo profundo; alguien completamente desinteresado en las convenciones de la literatura y sin embargo capaz, justo por medio del lenguaje, de mantener nuestra atención a pesar de que nada esté sucediendo. […] Y conforme descubrí detalles de su vida, primero por la biografía semi-autorizada de Deirdre Bair, me di cuenta de que no sólo su trabajo era ejemplar, sino también su vida. Ahí estaba alguien que se había purgado a sí mismo de vanidad, tanto la suya como la del mundo; un hombre de una integridad intachable, tanto en su obra como en su vida.

Con estos antecedentes, Lezard acepta que Beckett sea considerado un autor “intelectual”; “pero sospecho que es porque muchas personas no conocen la diferencia entre ser inteligente y ser intelectual”. ¿Y cuál es esa diferencia? Dice Lezard:

Más tarde descubrí que Beckett era, de hecho, furiosamente intelectual, pero que había dejado atrás la academia, aborrecido la oscuridad de la jerga y ciertamente no era el tipo de intelectual de posición a quien las televisoras piden su opinión.

Un guiño de inteligencia por parte de Beckett, parece decirnos Lizard. El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, y será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y los intelectuales.




Alianza Lima empató 2-2 con Sport Huancayo por la fecha 5 del Torneo de Verano y aunque sigue invicto, dejó pasar la oportunidad de acercarse al líder del grupo con un partido menos. Gonzalo Godoy y Luis Aguiar, para los locales, y Mauricio Montes junto a Luis Trujillo, para la visita, anotaron los goles.

Alianza Lima pagó caro haberse dormido en el festejo: mientras todos decía que Luis Aguiar lo había hecho otra vez, en Sport Huancayo se avivaron, sacaron rápido y marcaron el empate con sello blanquiazul: Luis Trujillo anotó, lo celebró con todo y silenció un estadio que minutos antes se había encendido para pifiarlo cuando ingresó.


Alianza Lima vs. Sport Huancayo: alineaciones

Alianza Lima: Leao Butrón; Paolo De la Haza, Gonzalo Godoy, Miguel Araujo, Alexis Cossio; Luis Ramírez, Aldair Fuentes, Luis Aguiar, Alejandro Hohberg, Erinson Ramírez; Alfredo Carrillo. DT: Pablo Bengoechea.

Sport Huancayo: Joel Pinto; Cord Cleque, Víctor Balta, Diego Minaya, Manuel Corrales; Ricardo Salcedo, Víctor Peña, Gustavo Villamayor, Giovanny Martínez, John Barrueta; Mauricio Montes DT: Diego Umaña



Universitario y Juan Aurich igualaron sin goles en el Estadio Mansiche, en uno de los peores partidos del Torneo de Verano. El equipo del 'Puma' Carranza sigue sin encontrar el funcionamiento colectivo y apenas pudo rescatar un punto ante su rival de turno.


La nueva apuesta ofensiva de Universitario fue con Tejada, Ugarriza, Guastavino y Vargas, pero no hubo ni idea de fuego ni desequilibrio individual. El cuadro de Ate fue anulado por un rival ordenado, pero sin mucho peso ofensivo para llevarse el encuentro.


En la segunda parte el 'Puma' Carranza apostó por el ida y vuelta de Siucho y Tito, y Universitario mejoró ofensivamente. Guastavino y Tejada mejoraron y así casi llega el gol que hubiese significado el primer triunfo estudiantil en el Torneo de Verano.

No obstante, Jesús Cisneros se convirtió en héroe y figura al sacar una mano sensacional a un cabezazo de Luis Tejada. No hubo más de Universitario, tampoco de Juan Aurich. El empate fue lo más justo para dos equipos que siguen al debe futbolísticamente.

Así, Universitario es penúltimo del Grupo A con 3 puntos mientras Juan Aurich es colero con dos unidades.



Las inversiones hoteleras en el Perú hasta el 2021 sobrepasarán los US$3,000 millones, de los cuales, el 60% corresponde a Lima y el 40% restante al interior, informó hoy el presidente del Buró de Convenciones y Visitantes de Lima, Carlos Canales.



“Eso quiere decir que hay un boom hotelero en nuestro país, sin tener una ley de promoción a la inversión en hotelería, a comparación de Colombia que tiene exoneración del impuesto al renta entre 20 a 30 años. En el Perú solamente hay una devolución anticipada del Impuesto General a Las Ventas (IGV), siempre y cuando la inversión haya sido superior a los US$ 5 millones”, expresó.



Canales precisó que en Perú hay una construcción permanente de hoteles, hay una muy buena mano de obra calificada, hay marcas que desean ingresar al país, que es más atractivo para invertir en el rubro hotelero.

Agregó que el gobierno debe implementar normas promotoras de inversión, similares a la que tienen la actividad minera y la agroindustria.

“Si se tiene que consolidar un sector, porque no sacar una norma promotora en favor no solamente al rubro hotelero, sino a la actividad turística”, planteó el dirigente empresarial.


Detalló que el 98% de la inversión hotelera en el Perú lo realiza el inversionista nacional.

“Eso implica que el desarrollo y evolución de la infraestructura hotelera en los últimos 25 años corresponde a personajes peruanos ligados al sector construcción, han ido invirtiendo en infraestructura hotelera”, sostuvo.

Al respecto, indicó que los índices de ocupación en Lima representan una de las más altas de la región.

En ese sentido, informó que los hoteles de Miraflores tienen una ocupación anual del 85%, mientras que en San Isidro llega a 75%.


“Eso hace que las tarifas de hoteles vayan subiendo, debido a que hay una ocupación permanente y se necesita mayor inversión hotelera a fin de atender a los hombres de negocios, autoridades extranjeras y turistas”, explicó.

Dijo que el crecimiento hotelero en el Perú en los últimos diez años ha sido superior al 10%.

“Del 2010 al 2016, se registró más de US$ 2,500 millones en inversión hotelera, de las cuales el 40% corresponde a Lima”, agregó.



El declarante de la DEA, Jesús Vásquez, quien reveló que el ex secretario de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez estaba siendo investigado por narcotráfico en las elecciones generales del 2016, declaró en exclusiva vía telefónica para Manifiesto, dónde menciona que estaría recibiendo amenazas de muerte por parte de la familia Fujimori a raíz de sus declaraciones que comprometen a Keiko Fujimori y sus gente.



Por otro lado, el piloto dijo que parte del dinero desaparecido en los años 90 de la dictadura fujimontesinista, estaría en Estados Unidos.

Asimismo reiteró que  la denuncia que hizo contra Joaquín Ramírez es cierta, ya que sino fuera así, la DEA hubiera tomado acciones contra él.