Fue el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien señaló la ironía tras los fuertes huaicos o inundaciones que azotaron al país sudamericano y que dejaron en los últimos tres meses al menos 72 personas muertas.


"Los puentes que se construyeron en el siglo XVII todavía están en pie y los que se construyeron en los últimos años se caen", dijo el martes, durante una visita a los damnificados a la orilla del río Rimac que cruza Lima, la capital peruana.


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El mandatario se refería en especial a tres puentes, el de Piedra, el Balta y el Solidaridad, todos ellos sobre el río Rimac.

Este último, construido en 2007, no logró aguantar el rigor del río crecido y se desplomó hace una semana, mientras que los otros dos, que también soportaron la misma corriente caudalosa y que fueron construidos en el siglo XVII y XIX, permanecieron de pie sin ningún tipo de inconveniente.

"Las personas que diseñaron los puentes Balta y de Piedra lo hicieron con la visión de que en el futuro el caudal del río Rimac podría aumentar dramáticamente y diseñaron una forma por la que el puente no tuviera que soportar todo el peso de la corriente de agua", le dijo a BBC Mundo el arquitecto peruano Augusto Ortiz de Zevallo, especialista en diseño urbano.


Pero, ¿cómo puede haber tanta diferencia entre las obras de ingeniería centenaria y las más actuales, las que deberían haber sido hechas con más tecnología y experiencia en construcción?
Piedra, hierro y concreto

El puente de Piedra, también llamado Trujillo, fue construido en 1610 con base en piedra y fue la primera conexión entre el centro de Lima y los barrios periféricos que se iban formando alrededor de la ciudad.

El Balta, por su parte, fue entregado a la ciudad en 1869 y su estructura es de hierro, pero tiene un diseño similar al más antiguo.

"Estos puentes tienen una estructura que divide la corriente en dos, llamada tajamar, que evita que el caudal, cuando está en su punto más alto, pueda hacer colapsar el puente", explicó Ortiz.


Pero el puente Solidaridad no tuvo la misma suerte.

Construido en 2010 con la idea de unir con una vía peatonal los barrios de San Juan de Lurigancho y El Agustino, en el este de la ciudad, tuvo un costo de US$1,1 millones. Aunque eso no evitó que se desplomara el pasado 16 de marzo.

"Ese puente no tuvo en cuenta lo que sí tuvieron en cuenta los diseñadores de los puentes de siglos anteriores: que el caudal del río podía crecer mucho", explicó Ortiz.

"La estructura era más débil y estaba sostenido sobre un lecho de rocas que no era lo realmente firme para resistir un embate semejante", añadió.


El alcalde de la capital peruana, Luis Castañeda Lossio —quien fue el mandatario que ordenó la construcción del puente—, señaló por su parte que "la ingeniería tiene un límite que siempre es superado por la naturaleza".

"La municipalidad de Lima no podrá realizar los trabajos de recuperación hasta que la corriente del río Rímac no disminuya", le dijo Lossio al diario peruano El Comercio.

El funcionario indicó además que al puente se le hacía un mantenimiento anual y contaba con la supervisión no sólo del municipio sino de la empresa contratista.


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