Llama la atención la puesta en marcha de un plan educativo que busca la igualdad. Más allá de los intereses económicos que definitivamente están promoviendo el nuevo cambio de currícula educativa y que tienen hipotecadas a las actuales autoridades políticas del oficialismo, la forma de imponer una educación que sólo busca proponer una ideología de género bajo el disfraz de igualdad es un insulto para la inteligencia. La pregunta a hacerse es: ¿acaso en el Perú no existe la igualdad? ¿Cuál es la necesidad de promover una igualdad en una sociedad como la nuestra?.

Me remito a los hechos. Las últimas dos elecciones presidenciales, casi la mitad de la población no discriminó a ninguna candidata por ser mujer. Es más, por muy poco porcentaje no hemos estado gobernados por una mujer en este periodo ni en el anterior. Además de Keiko Fujimori, las elecciones anteriores tuvieron a Lourdes Flores Nano con un gran porcentaje representativo Por otra parte, tampoco los limeños se hicieron problema en optar entre dos mujeres para la alcaldía en el periodo anterior al que vivimos, dejando relegados por muy lejos a los candidatos varones. Un grupo de limeños varones, en ese entonces, optó por Susana Villarán y el otro grupo por Lourdes Flores Nano. ¿Dónde está la falta de igualdad?. Y si seguimos en la misma línea, no existe noticiero o programa informativo, ¡hasta los deportivos!, que tengan un presentador varón y una mujer.


Hasta hace algunos años, el programa con mayor sintonía era el de Magaly Medina y unas décadas atrás, el de Laura Bozzo. Y en las universidades, tenemos casi la misma cantidad de jóvenes de ambos sexos. ¿Por qué insistir en una campaña feroz y “millonaria” y de pensamiento único que abogue con tanta insistencia contra una discriminación fantasma?. Si bien es cierto que hay algunos casos aislados de maltrato o discriminación y que castigan nuestras leyes (no hay necesidad de crear leyes discriminatorias solo para mujeres y no para varones), pero esto no es una tendencia generalizada en la sociedad peruana que no tiene ningún problema en elegir a una mujer para que los represente.




El fondo de esta supuesta e inocente campaña de igualdad es imponer la idea de que el hombre y la mujer son construcciones culturales, algo que desafía no sólo a la ciencia sino a la inteligencia. Está más que demostrado que desde muy temprana edad las mujeres se muestran más comunicativas y perceptivas que los varones, quienes se limitan a emitir sonidos guturales en sus juegos de guerras y carritos en vez de hacer que sus muñecas dialoguen. A ellos les gusta competir en los deportes y a ellas, compartir sus sentimientos. Así, hay varios estudios que muestran estas tendencias espontáneas y naturales.



Estamos entonces ante un atentado ideológico, una campaña que responde a intereses económicos y que busca en el fondo desaparecer el concepto naturaleza y así poner en un mismo plano de igualdad el comportamiento varonil, femenimo, homosexual, gay, transgénero, lésbico, intersex, andrógino, travesti, bisexual, trisexual, animalsexual, género binario, ciurgénero, agénero, demigénero, poligénero, intergénero, y así cuanto podamos construir. Sería interesante que estos diferentes grupos fueron más allá en sus exigencias y pidan que se respete su autonomía y su espacio para el uso de servicios higiénicos. ¿Habrá leyes el día de mañana que obliguen a todas las empresas a tener baños para cada uno de los diferentes géneros? ¿Acaso no es un atentado contra la igualdad destinar fondos públicos para mantener un Ministerio de la Mujer y no un Ministerio del Hombre? ¿Y por qué no un Ministerio de homosexuales, de poligéneros, de intersex, y así sucesivamente?

Por Daniel Brousek


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