La desaprobación de la líder de Fuerza Popular (FP), Keiko Fujimori, ha aumentado 17 puntos desde agosto del año pasado, de acuerdo con un informe especial sobre el fujimorismo preparado por GfK.



En agosto de 2016 (dos meses después de las elecciones presidenciales de junio), el 38% de encuestados reprobaba su desempeño. Hoy este porcentaje llega a 55%. Su aprobación es del 39%, mientras que el 6% prefiere no opinar.


La encuesta nacional de GfK urbana/rural tiene un margen de error de +/-2,8%.

La desaprobación de Kenji Fujimori también es bastante alta. El sondeo señala que el 65% no respalda la labor del actual legislador de FP. Solo el 26% lo apoya.

En las últimas semanas Kenji Fujimori ha motivado análisis y comentarios en los medios por sus posiciones abiertamente discrepantes de los acuerdos tomados en FP.


Ocurrió cuando se mostró a favor de una comisión investigadora al Sodalicio. Y cuando llevó a Palacio su donación para los afectados por la emergencia ambiental, mientras su partido hacía una recolección por su cuenta.
Liderazgo

La encuesta también arroja que Keiko Fujimori es reconocida como líder del fujimorismo, incluso por encima de su padre. Hernán Chaparro, gerente general de GfK, explicó que en enero de 2016, cuando se preguntó quién era el líder del movimiento naranja, “Alberto Fujimori destacaba con un 57% de menciones versus un 42% que nombró a Keiko”. Sin embargo, señaló Chaparro, “hoy la figura se invierte y la hija es reconocida como líder, actitud que se refuerza un poco más si se incluye entre los evaluados a Kenji”.


Asimismo, el estudio establece que crecieron los simpatizantes pero, también, los críticos del fujimorismo. “Si bien el llamado antifujimorismo ha disminuido, las evaluaciones sobre la perfomance actual de la agrupación muestra un cuadro en donde disminuyen las posiciones intermedias y aumentan las opiniones de ambos extremos”, refirió.

El sondeo de GfK diferencia entre los fujimoristas “duros” (personas que definitivamente votarían por un candidato fujimorista para algún cargo público), “simpatizantes” (que posiblemente lo harían) y los “antifujimoristas”.


Entre los fujimorisas “duros” priman los niveles de bajos recursos socioeconómicos, con un menor nivel educativo, los jóvenes y los residentes en el norte del país. Entre los “antis” se aprecia una mayor proporción de niveles socioeconómicos altos, con educación superior y que siguen con más interés la política.

Finalmente, Chaparro dijo que si bien cerca de la mitad del país se muestra indiferente frente a los partidos, el fujimorismo, con casi una cuarta parte de simpatizantes declarados, es el movimiento que mayor simpatía genera.
Percepciones relativas y fragmentadas por Juan de la Puente

No podría decirse que el fujimorismo es un estado de ánimo sino un movimiento, más vasto que los alcances de Fuerza Popular, y que sin embargo ofrece percepciones fragmentadas desde la opinión pública, resultado de una formación en proceso que levita entre lo nuevo y lo viejo, y que por esa razón proyecta tendencias casi todas relativas.



Las percepciones se mueven lentamente; desde el año 2013 disminuye muy poco el porcentaje de personas que cree que el fujimorismo es el mismo y aumenta también poco el de quienes piensan que ha cambiado. Este juego atenaza su futuro. Si bien es cierto que ha servido para bajar sustantivamente la fuerza del antifujimorismo (de 41% a 30%) no ha podido construir una dinámica propia a tal punto que el fujimorismo “duro” baja (de 13% a 10%), se dispara el número de indiferentes (de 31% a 40%), cruciales para un segunda vuelta, y suma pocos simpatizantes (de 15% a 20%). Neutralizado el anti, el verdadero examen de FP es el país que vive fuera de Lima. Puede sonar extraño, pero al fujimorismo probablemente le sobre verbo pero le falta ideología.

Su expansión también tiene límites en las clases medias y altas. Aunque más personas de esos sectores creen que ha cambiado, a FP le está costando ser una oposición que contente a la sociedad. No podría decirse que su perfil opositor sea un fracaso, pero a pesar de ello es fuertemente criticado en el sur y el sector A/B, y crece el número de quienes piensan que es muy malo (de 31% a 37%), que es destructivo (“está peor” de 28% a 34%), una percepción que acompaña 4 de cada 10 peruanos de A/B.


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