ASQUEADO

Si Lourdes Alcorta fuera la expresión de la democracia, yo elegiría una dictadura camboyana como formula de gobierno.

Si Oscar López Meneses fuera la voz del análisis político y no el bramido de la zoocracia fujimorista, yo haría todo lo posible por volver a mudarme de país.

Si Alan García fuera la encarnación de la decencia indignada, yo dejaría el periodismo y me dedicaría a alguna ciencia oculta. Yo conozco a este sujeto y sé que se hizo rico en el poder y sé que se hizo rico en el poder y sé que mandó matar a gente rendida y sé que ha convertido al Apra en la acequia que es ahora. Yo sé quién es Alan García y conozco de su poder entre jueces y fiscales, pero eso no me impide decirle que él es parte importante de las sobras de la partidocracia.


La palabra clave es decadencia. La política peruana, por donde se le mire, está en ruinas.

Y es hora de pensar seriamente en ello si no queremos que venga otro Fujimori a vendernos el paraíso de las yucas precoces y el empleo veloz.

Los partidos políticos tendrían que volver a ser escuelas y para eso tendrían que volver a sus fuentes doctrinarias, convenientemente revisadas a partir de los grandes cambios tecnológicos de estas últimas décadas. Partidos verdes con nuevas ideas de alcance planetario: eso es lo que necesitamos.

Los ladrones impunes tendrían que ser expulsados de la política (y el próximo congreso del Apra es una buena oportunidad para apostar por la refundación).


Y los empresarios privados deberían estar prohibidos de financiar a los políticos. Todo eso debería implicar un retorno al mundo de las ideas. ¿Hace cuánto tiempo que no vemos un debate ideológico en el escenario?. La derecha ha establecido la verdad inmóvil y ha decretado el fin de las discusiones. Allá los idiotas que acatan eso.

Es muy divertido leer cuánto se indigna la derecha ante los sucesos de Madre Mía y el sucio proceso judicial que fue su consecuencia. Si hay algo que la derecha jamás le ha interesado es precisamente el respeto a los derechos humanos. Todos recordamos su indiferencia ante los Cabitos, su desprecio procaz por las fosas comunes, sus aplausos a las ejecuciones extrajudiciales. Todos sabemos que la derecha fue aprista de alma podrida ante lo ocurrido en el Frontón y fujimorista de maletín lleno de dólares frente al Grupo Colina y sus mentores. Si Humala hubiese sido un Odría más pronunciado, ¿se habrían interesado por el asunto de Madre Mía?

Escucho a la Alcorta gritonear al ministro del Interior y al apenas alfabeto Becerril hacer lo mismo y me pregunto: ¿A esto hemos llegado? ¿Este es el Congreso del Perú en el siglo XXI? No es que el Perú no avance: es que va marcha atrás, es que involuciona, es que organiza sus detritus y los convierte en acción, es que ama la deshonra. Es como si los hermanos Gutiérrez hubiesen triunfado, como si Esparza Zañartu fuese recto de San Marcos, como si Tatán presidiese el poder judicial. Como si Alberto Fujimori volviese a gobernar para beneplácito de los Chlimper y la Confiep. Y sí, estoy asqueado. Como muchos de ustedes.


Axact

Somos pobres, pero honrados.

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