Va a ser muy difícil que Verónika Mendoza logre conciliar pareceres con Marco Arana, luego de que el Frente Amplio (dominado por el líder de Tierra y Libertad) ha expulsado del movimiento al congresista Richard Arce, conocido mendocista.

Arana ha buscado romper el punto muerto generado porque TyL tenía 10 congresistas y Nuevo Perú 10. Para romper ese empate Arana necesitaba sacar a uno de NP, aspirando ilusamente a que no se produzca la escisión y así seguir administrando el ciento por ciento de las prerrogativas que le corresponden a la actual bancada frenteamplista (lo más probable es que en agosto, antes de que se definan las nuevas comisiones y cuadros asignados, Nuevo Perú prefiera convertirse en paria y apartarse).


Pero el tema, sin duda, escapa a este trasiego de micropoderes congresales. No hay, por lo que se ve, afanes de unidad sino más bien de ruptura. Arana empuja a

Mendoza para que se aparte del movimiento o acepte todos sus términos bajo el amparo y dominio de ser dueño de la inscripción electoral.


¿Qué le queda a Mendoza? El camino de la propia inscripción se ve harto difícil y casi imposible. Además de Arana con TyL, la tienen Goyo Santos con Democracia Directa y el nuevo frente Juntos por el Perú gracias al partido Humanista. A uno de los dos se va a tener que adscribir la lideresa cusqueña si desea ser protagonista en las justas electorales venideras.

Considerando las diferencias con Santos, solo le quedaría el camino de unirse a la centroizquierda, la que ciertamente ve con buenos ojos la candidatura de Verónika Mendoza bajo su manto. ¿Mal menor? No lo creemos. Superada la crisis política temporal, a la excandidata puede caerle bien sumarse al centro y respirar otros vientos.

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